Francisco
Chaviano González.
Los
gobernantes de Cuba y Estados Unidos de América, Raúl Castro y Barack Obama,
acordaron el pasado17 de diciembre, elevar el rango de sus misiones
diplomáticas al nivel de embajadas. Este primer paso en la normalización de
relaciones entre ambos países, sienta las bases para la expansión de la
presencia de ambas cancillerías en función de dar facilidades a la diversidad
de interese mutuos.
Entre
estos está el establecer “Consulados” en las ciudades que lo precisen por el
volumen de asentamiento de cubanos. De aquí que Miami es la primera candidata
para tal representación de lo que será la Embajada Cubana en Washington.
El
exilio cubano se ha crispado con esta idea, la considera una afrenta a su dolor
de pueblo esquilmado y conculcado en sus derechos. En la trágica revolución
cubana la familia quedó dividida, unos tuvieron que escapar a la diáspora
huyendo del encarcelamiento y el paredón instaurado por el comunismo
totalitario de los Castro; otros quedaron atrapados en el engaño, la
manipulación y el miedo, cuando se cerraron las puertas del telón de hierro.
En Miami
un documento de rechazo a los “consulados castristas” está patrocinado por
numerosos grupos del exilio cubano, que cuentan con nuestro afecto y
comprensión de lacerado. Pero nuestra misión no es sangrar por la herida, sino
buscar remedio blando al daño para con ello, convertirnos en guía del pueblo
reprimido en aras de liberar la Patria. De aquí que la aludida carta sea un
craso error, anacrónico por demás, toda vez que pondrá contra el exilio a los
cubanos de la Isla y a los de esta comunidad que viajan a ella y suman una
abrumadora mayoría.
Es
imperativo adaptarse al momento para no quedar al margen, si queremos un cambio
en Cuba tenemos que empezar por cambiar nosotros mismos. Más productivo sería
decir: Protestaremos ante esos Consulados, cada vez que golpeen a una Dama de
Blanco u otro abuso; impugnaremos la extorsión de los indefensos trabajadores
cubanos; clamaremos por cobros justos para las comunicaciones telefónicas,
trámites consulares y pasajes de avión; exigiremos bajos aranceles para el
envío de ropa y útiles en general a la familia desprovista por el fracaso del
régimen; y tantas cosas más. De seguro que todo el pueblo estará con nosotros,
a excepción del clan familiar que ostenta el poder.
Si en lugar
de rechazar los Consulados, se reclamara la correspondencia de un número
similar de misiones norteamericanas en el interior de Cuba, se estaría
promocionando facilidades para la oposición y el pueblo en general. Es probable
que el gobierno de Obama no nos haga caso, pero los cubanos de la isla y el
mundo estará a la escucha y de nuestro lado. Una nueva era y modo de batallar
se nos presenta, nuestra postura debe ser la que tuvimos en el Foro de la
Sociedad Civil ante la Cumbre de las Américas que tuvo lugar en Panamá: ser
inclusivo, receptivo, dispuesto al debate. Dejémosle al régimen de Castro el
carácter excluyente, intolerante, saboteador y violento.
Los
Castro siempre lograron predisponer al exilio a favor de la línea dura, de
recrudecimiento del embargo, que ellos promovieron y mantuvieron a toda costa.
Una prueba de ello es aquel documento secreto de Fidel Castro, donde entre
otros consignaba: “El presidente Nixon ha iniciado contactos para resolver el
diferendo con Cuba, y concluía; pero imagínense ustedes tenerles por aquí
metiendo sus narices por todas partes, los vamos a desalentar y se van a tener
que retirar” contenido del cual podemos dar fe varios compatriota. Acto seguido
ocurrió la provocación de los pescadores de 1970 y las groserías contra el
Presidente. Otros varios intentos similares han tenido lugar desde entonces, el
más conocido concluyó con el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en
1996 con la pérdida de valiosos compatriotas.
El
régimen de la Habana, no está liquidado como muchos creen, pues pertenece a la
esfera de influencia de China y Rusia, tampoco está dispuesto a abandonar
Venezuela que es bastión propio. Las relaciones con Estados Unidos la quieren
de a poco y con tiempo, como perspectiva para su relevo en un sistema al estilo
“Chino-Faraónico”.
Obama ha
sido saboteado al igual que sus antecesores. Alan Gross, Orlando Zapata, Laura
Pollán, Oswaldo Payá y las armas en el barco coreano; son muestra de ello. Pero
el inquilino de la Casa Blanca ha continuado impertérrito en su empeño público de
zanjar el diferendo, ha cedido y volver a ceder hasta niveles humillantes que
todos rechazamos de plano. Pero tal vez estemos equivocados, es probable que la
actitud que nos complace, fuera de la preferencia de Raúl Castro y de que esta
sea la victoria imperecedera que tanto desee el presidente norteamericano,
enrumbando a Cuba hacia la democracia. Está por ver si es así o no.
