Francisco
Chaviano González.
El
pasado 15 de abril el Tío Sam cerró el tributo fiscal del año. Este evento no
fue tan provechoso como de costumbre para buena parte de la población, sobre
todo para los pobres acostumbrados a contar con el cheque de retorno del Income
Tax, para algunas compras excepcionales. Esto desapareció decepcionando a
muchos, y para alarma de otros, en su lugar le surgió una deuda con el Internal
Revenue Servive(IRS) y hasta una multa acibaró la jornada en algunos casos. La
razón de ello: “Obama Care”
La Ley de Cuidados de Salud Asequibles (Obama
Care),
quedo establecidael 31 de marzode 2014 con carácter obligatorio para todos los residentes
legales de este país que no tengan un seguro médico. Las personas de bajos
ingresos, pueden calificar para programas de asistencia gubernamental que
cubren parte de los costes de este servicio, mientras que el usuario cubre la
parte restante con el ex retorno de Tax y algún abono mensual según su
solvencia y plan escogido.
Desde
su comienzo esta ley cuenta con la reprobación de un amplio sector de la
población. Los que poseían seguro médico, aducían que esto recargaría el erario
público y terminaría sobre los contribuyentes. Entre los que no tenían seguro,
no pocos lo rechazaban también, algunos no querían gastar dinero en tal cosa,
fundamentalmente los más jóvenes. El personal de la salud tampoco estaba a
gusto con el Obama Care, algunos médicos lo boicotearon, no aceptaban a nadie
que tuviera ese plan y otros los trataban a disgusto.
En
fin, el Seguro de Obama no gusta mucho entre la población, no obstante es justo
decir que su imposición está más que justificada, pues una nación como esta
debe garantizar el servicio médico de toda la población. Nadie tiene derecho a
elegir estar fuera, porque la conciencia humana no tolera dejar que muera un
enfermo o accidentado. Está claro que este método implantado por el Presidente,
tiene deficiencias y errores a rectificar, pero está bien insertado en el
contexto del universo de los planes de seguros de salud existente. Que por
cierto, tiene más deficiencias que su nuevo hijo el Obama Care y sin embargo
nadie las señala.
Creo
que la mayoría deseamos pagar los servicios médicos, porque la experiencia nos
enseñan que las gratuidades resultan peor. Pero queremos un pago justo, por un
servicio eficiente y expedito; es decir, la antítesis del sistema de los
seguros actuales.
Hoy
existe lasinstalaciones de servicios médicos que todos necesitamos y, entre
ella y nosotros, los seguros médicos; ambas entidades enriqueciéndose con
nuestro pago. La primera es imprescindible,pero la segunda no, toda vezque
encarece el servicio sin necesidad. Peor aún ni siquiera cubre tales gastos,
pues deja una andanada de copagos molestos y hasta asfixiantes cuando hayun
ingreso en hospital con intervención quirúrgica.
Los
seguros suelen ser una rémora al buen desempeño del servicio, pues a cada paso,
hay que pedir su aprobación con el consiguiente papeleo, carteo cibernético y
recarga innecesaria de la actividad administrativa vinculada. No es extraño que
se demoren en responder, por lo que la administración tiene que repetir la
solicitud en reiteradas ocasiones y a veces se prolonga tanto, que hay que
suspender las operaciones concertadas en determinado hospital. En otras no
aprueban tal, o mas cual, asistencia; con lo que hay que prescindir de la misma
o pagar el usuario.
No
todo lo mal hecho es imputable a las compañías de seguro, porque los servicios
médicos a veces mandan pruebas innecesarias para sacarles una tajada mayor a
éstos. Es el marasmo de males propios de este sistema de salud, feraz al
fraude, que desaparecería si se quitara esta entidad intermediaria de los
seguros médicos.
Tanto
en Cuba, antes de maledeto, como en otros países de América, había un sistema
de salud que recordamos con cierta nostalgia: La Clínica,con pago de $3.00
pesos mensuales por persona, ofrecía un servicio médico integral de consulta
primaria, especializada, ingreso con intervenciones quirúrgicas y medicina
incluida. Por qué no se aplica una versión modernizada de esto: una estructura
con administración central de conglomerado médico que abarquen todas las
disciplinas galenas, pudieran ofrecer un servicio eficiente y más barato para
todos los planes; desde los más opulentos a los más módicos.
Algunos
con el cerebro embotado por el absurdo de los seguros médicos, dicen que no se
puede. Craso error, porque la tecnología moderna facilita, abarata y amplía la
gestión. Si antes funcionaba con el libre albedrío tendiente a una clientela de
niños y viejos, funcionaría mucho mejor ahora cuando todos estamos obligados a
participar. Se acabarían los fraudes al Medicare y otros también lesivos al
bolsillo de todos, saneando la sanidad. ¡Un servicio médico más eficiente y
barato, sí es posible!
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