Los gobiernos
comunistas de América sostienen una guerra hipnótica no declarada contra
Estados Unidos de América. El primer narco-estado fue, por supuesto, la Cuba de
Fidel Castro, cuyos orígenes son muy anteriores al Cartel de Pablo Escobar. La
Operación Viviana de tráfico de drogas con la participación de guardacostas
cubanos, se sostuvo durante algunos años, hasta que la DEA logró evidencias de
la participación de las autoridades de la isla. Entonces Castro, removió al
vicealmirante Aldo Santamaría Cuadrado de la jefatura de la Marina de Guerra,
salvando su responsabilidad.
Tan buenos dividendo
le dio Viviana a Castro, que no se pudo sustraer de la droga y a poco creo una
división especial en el Ministerio del Interior, el Departamento MX (más bien
Cartel MX) bajo el mando del Coronel Antonio de la Guardia. Como se sabe su
contraparte colombiana era Pablo Escobar Gaviria, quien tenía un comportamiento
tan diferenciado a los de su clase, que unido a su vínculo con el gobierno
cubano parecería una influencia de Castro. Por Cuba solo podía pasar la gente
de Escobar, la droga del resto de las bandas era confiscada y reinsertada en la
citada vía de tráfico.
Estuvieron
traficando drogas durante años hasta que la vinculación Castro empezó a quedar
al descubierto y el gobierno Norteamericano pasó a la acción. Según revelaciones
de un oficial, que publicó el Herald en 1993, a finales de la década de los
años 80 se puso en práctica una operación conjunta de la DEA, el FBI, la CIA,
la Marina y la aviación de este país con el objetivo de secuestrar al general
José Abrantes, por entonces ministro del
interior cubano, para juzgarlo por tráfico de drogas. La operación se llevaría
a cabo en el Estrecho de la Florida y participaría un submarino para evacuarlo
con seguridad y la aviación para detener a los Mig cubanos que salieran en su
defensa. Finalmente no se ejecutó, porque la inteligencia cubana logró sustraer
el enlace que tenían prisionero.
Al parecer esta
acción de E. U. para procurar pruebas que le inculparan, destapó el temor de
Castro quien tomó previsoras medidas para erradicar las misma: fusiló al
coronel Antonio de la Guardia y vario de sus más cercanos colaboradores; José
Abrantes murió extrañamente en prisión. El más importante de todos los
ejecutados, el General Arnaldo Ochoa resulta extemporáneo en este cuento, su
participación es ilógica, como si le hubieran puesto allí de pararrayo. Todos
eran leales colaboradores de Fidel Castro y a la vez peligrosos testigos de sus
fechorías, razón que les llevó al patíbulo, pues ante la disyuntiva, el sátrapa
cubano no dudó en sacrificarlos y con ellos, fueron removidos todos sus
seguidores, tantos, que el DGI cubano quedó diezmado.
Pero los Castro no
estaban dispuesto a abandonar la guaca de la fortuna fácil, por lo que
terminaron trasladándola a los gobiernos bajo su dominio. La Nicaragua de
Daniel Ortega se convirtió en un puente de la droga desde la época de Escobar.
La Venezuela de Chávez es el hijo pródigo del nuevo milenio, no solo por el
petróleo, sino porque está bajo la mata narco-guerrillera y allí están,
haciendo y deshaciendo. El mayor general Hugo Carvajal Barios, fue el nuevo
encomendero durante el gobierno de Chávez, por entonces jefe de los servicios
de inteligencia. A su sombra el narcotráfico contó con todo tipo de cobertura y
protección incluido el lavado de las jugosas ganancias.
Resulta extraño que
al general Hugo Carvajal, lo hayan expuesto fuera de las fronteras venezolanas
en un cargo de Cónsul General de Aruba y más aún, que lo hayan enviado sin
tener la confirmación que le investía de inmunidad diplomática. La detención y
extradición eran legales y debió procederse con arreglo a ello. Pero esto
abriría la caja de pandora, poniendo al descubierto los vandalismo mafiosos de
Chávez, los Castro y otros en sus vínculos con las drogas y el terrorismo, por
lo que tenían que impedirlo a toda costa.
Las presiones y
chantajes del presidente Maduro, con el apoyo de Castro y sus lacayos entre los
que ahora se ha sumado el presidente Santos de Colombia, fueron abrumadoras. Se
habla de barcos de guerra en la zona, la amenaza de cortar el suministro de
petróleo y la cancelación de varios convenios y contratos, entre otros; Holanda
terminó por ceder… ¡qué pena!
Es una muestra de la
debilidad de la Casa Blanca, que sirve de aliento a la delincuencia
internacional, en gobiernos como los de Reagan o Busch, no lo habrían podido
hacer. La prueba del delito de los narco-estados comunistas, camina sobre sus
pies por Caracas, pero, la razón que le salvó, le condena, cual espada de Damocles que pende sobre su
cabeza. El síndrome Ochoa cabalga de nuevo.
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