sábado, 23 de mayo de 2015

DEL GENERAL OCHOA AL GENERAL CARVAJAL


                    
Los gobiernos comunistas de América sostienen una guerra hipnótica no declarada contra Estados Unidos de América. El primer narco-estado fue, por supuesto, la Cuba de Fidel Castro, cuyos orígenes son muy anteriores al Cartel de Pablo Escobar. La Operación Viviana de tráfico de drogas con la participación de guardacostas cubanos, se sostuvo durante algunos años, hasta que la DEA logró evidencias de la participación de las autoridades de la isla. Entonces Castro, removió al vicealmirante Aldo Santamaría Cuadrado de la jefatura de la Marina de Guerra, salvando su responsabilidad.

Tan buenos dividendo le dio Viviana a Castro, que no se pudo sustraer de la droga y a poco creo una división especial en el Ministerio del Interior, el Departamento MX (más bien Cartel MX) bajo el mando del Coronel Antonio de la Guardia. Como se sabe su contraparte colombiana era Pablo Escobar Gaviria, quien tenía un comportamiento tan diferenciado a los de su clase, que unido a su vínculo con el gobierno cubano parecería una influencia de Castro. Por Cuba solo podía pasar la gente de Escobar, la droga del resto de las bandas era confiscada y reinsertada en la citada vía de tráfico.

Estuvieron traficando drogas durante años hasta que la vinculación Castro empezó a quedar al descubierto y el gobierno Norteamericano pasó a la acción. Según revelaciones de un oficial, que publicó el Herald en 1993, a finales de la década de los años 80 se puso en práctica una operación conjunta de la DEA, el FBI, la CIA, la Marina y la aviación de este país con el objetivo de secuestrar al general José Abrantes, por entonces ministro  del interior cubano, para juzgarlo por tráfico de drogas. La operación se llevaría a cabo en el Estrecho de la Florida y participaría un submarino para evacuarlo con seguridad y la aviación para detener a los Mig cubanos que salieran en su defensa. Finalmente no se ejecutó, porque la inteligencia cubana logró sustraer el enlace que tenían prisionero.

Al parecer esta acción de E. U. para procurar pruebas que le inculparan, destapó el temor de Castro quien tomó previsoras medidas para erradicar las misma: fusiló al coronel Antonio de la Guardia y vario de sus más cercanos colaboradores; José Abrantes murió extrañamente en prisión. El más importante de todos los ejecutados, el General Arnaldo Ochoa resulta extemporáneo en este cuento, su participación es ilógica, como si le hubieran puesto allí de pararrayo. Todos eran leales colaboradores de Fidel Castro y a la vez peligrosos testigos de sus fechorías, razón que les llevó al patíbulo, pues ante la disyuntiva, el sátrapa cubano no dudó en sacrificarlos y con ellos, fueron removidos todos sus seguidores, tantos, que el DGI cubano quedó diezmado.

Pero los Castro no estaban dispuesto a abandonar la guaca de la fortuna fácil, por lo que terminaron trasladándola a los gobiernos bajo su dominio. La Nicaragua de Daniel Ortega se convirtió en un puente de la droga desde la época de Escobar. La Venezuela de Chávez es el hijo pródigo del nuevo milenio, no solo por el petróleo, sino porque está bajo la mata narco-guerrillera y allí están, haciendo y deshaciendo. El mayor general Hugo Carvajal Barios, fue el nuevo encomendero durante el gobierno de Chávez, por entonces jefe de los servicios de inteligencia. A su sombra el narcotráfico contó con todo tipo de cobertura y protección incluido el lavado de las jugosas ganancias.

Resulta extraño que al general Hugo Carvajal, lo hayan expuesto fuera de las fronteras venezolanas en un cargo de Cónsul General de Aruba y más aún, que lo hayan enviado sin tener la confirmación que le investía de inmunidad diplomática. La detención y extradición eran legales y debió procederse con arreglo a ello. Pero esto abriría la caja de pandora, poniendo al descubierto los vandalismo mafiosos de Chávez, los Castro y otros en sus vínculos con las drogas y el terrorismo, por lo que tenían que impedirlo a toda costa.

Las presiones y chantajes del presidente Maduro, con el apoyo de Castro y sus lacayos entre los que ahora se ha sumado el presidente Santos de Colombia, fueron abrumadoras. Se habla de barcos de guerra en la zona, la amenaza de cortar el suministro de petróleo y la cancelación de varios convenios y contratos, entre otros; Holanda terminó por ceder… ¡qué pena!

Es una muestra de la debilidad de la Casa Blanca, que sirve de aliento a la delincuencia internacional, en gobiernos como los de Reagan o Busch, no lo habrían podido hacer. La prueba del delito de los narco-estados comunistas, camina sobre sus pies por Caracas, pero, la razón que le salvó, le condena,  cual espada de Damocles que pende sobre su cabeza. El síndrome Ochoa cabalga de nuevo.



   

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